El teatro

    Los teatros a través del tiempo han cambiado su significado dependiendo en la época en la que son usados. Son un espacio donde diferentes necesidades y costumbres se atendían. En la época de la Antigua Grecia, los teatros tenían una relación directa con el público, el escenario y el paisaje permitiendo crear espacios públicos que rodeaban la orquesta. Los romanos adoptaron esta idea con los teatros, pero de una manera más monumental haciéndose más complejo. A diferencia, los teatros en la Edad Media se volvieron espacios más religiosos. En la Edad Media, los teatros cambiaron su uso, pero cuando llega el Renacimiento estos vuelven a su función principal retomando los modelos clásicos donde la escenografía tiene mayor importancia. La evolución de los teatros demuestra cómo la arquitectura se adapta a la sociedad adaptando su forma de percibir el espectáculo.


    Frente a esta evolución histórica, en el siglo XIX Jean Durand transformó el método para proyectar los teatros al proponer un enfoque práctico e ingenieril. En lugar de buscar emociones o copiar estilos del pasado, Durand plantea que la forma debe seguir a la función, priorizando que el edificio sea útil, seguro y económico. Para lograrlo, utiliza un método racional: organiza el diseño sobre una cuadrícula regular y ejes de simetría que le permiten ensamblar el edificio de manera lógica. Con este sistema, el exterior del teatro es transparente y muestra con claridad la distribución del interior sin usar decoraciones innecesarias. En cuanto a la organización del espacio, la zona del público y la del escenario se integran como dos módulos bien definidos: la sala semicircular de los espectadores se acopla directamente al bloque rectangular del escenario y los camerinos. Ambas partes se conectan mediante vestíbulos y pasillos fluidos, creando un teatro eficiente, ordenado y pensado para el uso público.


    El estilo de Boullée se caracteriza por el uso de geometrías puras (esferas, conos y cilindros) para evocar lo sublime, la monumentalidad y la razón mediante escalas sobrehumanas. Como señala la lectura, varios de sus proyectos se quedaron en papel y no se construyeron; siendo uno de ellos la Ópera (1781) concebida tras el incendio del Palais-Royal. Transformando el edificio en un espectáculo escenográfico tras adoptar una (cúpula) forma circular inspirada en las rotondas de la Antigüedad Clásica. También, la lectura enfatiza que la sección transversal de la Ópera manipula la luz interior y las desproporciones de escala dibujando las figuras humanas más pequeñas para que el edificio se vea gigantesco haciendo uso de contrastes fuertes de luz y sombra en el interior. Con esto, Boullée busca subordinar la realidad constructiva para priorizar la emoción y el asombro del espectador. Esta misma visión de la arquitectura como un templo cívico y monumental se observa en otros de sus proyectos como el Cenotafio de Newton (1784) una gigantesca esfera hueca de más de 150 metros de altura que simula la bola del planeta Tierra. 


    Luego de analizar estos dos estilos, podemos concluir que Durand plantea el teatro desde un enfoque racional y funcional. Boullée, en cambio, utiliza geometrías puras y monumentales para provocar emoción y asombro. En el teatro que propone Durand, la sala, el escenario y los recorridos se organizan como módulos claros y eficientes conectados por los vestíbulos. De otro lado, Boullée plantea un teatro con la cúpula circular y las grandes proporciones dominan el espacio, haciendo que la escala humana se perciba muy pequeña. Resumiendo los puntos de acción y de diseño podemos entender que Durand prioriza la función y lógica constructiva mientras que Boullée prioriza la monumentalidad y la emoción.  


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